viernes, 19 de julio de 2013

Ser como él lo es con nosotros.

Dios es el amigo que siempre nos busca pero siempre rechazamos.
Buscamos amigos carnales que no nos entienden como queremos.
No nos aconsejan como deberían. No nos acompañan cuando necesitamos.
Buscamos amigos carnales y siempre nos rechazan, nos traicionan.
 Pero siguen siendo, el prójimo que debes amar.
Ellos son la imperfección que somos nosotros. Pero nosotros que estamos siendo perfeccionados por las manos de Dios, debemos amarlos aunque nos traicionen.
No actuemos como el que busca cuando necesita, o como el que encuentra y abandona.
Dios nos encontró y no nos abandonó, Dios nos buscó no por necesitarnos, si no, por necesitarlo.
Seamos el amigo que Dios es con nosotros. Que lo traicionamos y él sigue fiel. Que lo ofendemos y él sigue perdonándonos. Que lo abandonamos cuando nos da lo que le pedimos y él, nos sigue amando.
AMEMOS A ELLOS, COMO DIOS NOS HA AMADO.
PERDONEMOS A ELLOS, COMO DIOS NOS HA PERDONADO.
ESTEMOS PARA ELLOS, COMO DIOS LO HA ESTADO CON NOSOTROS CUANDO LO NECESITAMOS.

SEAMOS, SU IMAGEN Y SEMEJANZA. 
Entre los árboles bebí el néctar de tus amores.
Floreciéndome una sonrisa por tu causa de tu naturaleza.
Oh Creación perfecta, que eres tú mi Padre, asombroso y brillante.
No hay nadie como tú. No hay nadie como tus promesas.
Como tu voz al llamarme entre lazos de amor.
Gozarme en tu presencia.
Amanecer en paz tuya. Darte gracias por un sol, por tener los pasos que deseas.
Por inclinar mi cabeza delante quien lo merece.
Porque no es mi fe, es tú quien me la das.
Tú quien me fortaleces.
Tú quien me haces crecer.
Siendo mariposa decolorada, me coloreas cada espacio.
Siendo elefante sin fuerzas, tú me fortaleces.
Siendo ave sin perdida, tú me guías.

Siendo humana imperfecta, tú, me perfeccionas.  

Destruir las murallas de mi ojo que no me deja verte.
Destruir las murallas de mis oídos, que no me dejan escucharte.
Destruir las murallas de mis dedos, que no me dejan escribirte.
Destruir la campana de mi vida que suena sin ser tu quien la toca.
Te abro la ventana de mi alma, entra paz, entra amor. Entra necesidad.
De puerta en puerta te busqué y en este mundo jamás lo encontré.
Entra Señor a este corazón necesitado de ti.

jueves, 18 de julio de 2013

Sus dos brazos, una brisa exquisita, infinita



Estabas como mi retoño, con las hojas vivas, con tu color vivo. 
Pero te fuiste, te olvidaste, huiste, jamás regresaste. 
Me pregunté, lamenté, lloré hasta que recordé, el día que dijiste que los amores jamás permanecían. 
Te llamé mil veces y sin respuesta me tuviste… Fue mi necedad aquella la que no soportó, explotó y me hirió. 
Roto, en mil estaba yo… Escuché de un Dios, que revivió. Por momentos no creí su gran amor, su bendición, su perfección. Pregunté de su existencia, algunos afirmaron, otros me la negaron… Nada me llenaba, todo me seguía contaminando. Mis palmas sangradas, mis hojas arrancadas, mi alas no volaban… 
Dejaré al pintor, mi arte, mi escritor.
Pronunciaba con mis brazos abrazados a mis rodillas, gritando por amor, por un salvador. No había otro ser que me volviera loca, más que mis pensamientos consumiendo mi boca. No dormía y pensé en no respirar, en no vivir, en no regresar… Olvidé lo bien que se sentía respirar por alguien, lograr amar, sin dañar. Entraron dos velas, una entre la obscuridad y la otra con la luz que giraba sobre mi cuarto. Oí como mis ventanas tronaban, gozaban, reían de lo que sentía. Ningún palpito podría haber sido más rápido que aquel mío, sufrido y dolido. 
Recosté mi cabeza entre mis sabanas, era lo único que sentía que me trataba amable. Su terciopelo era tan suave como si fuese inexistente lo que experimenté, eran como unos brazos abiertos hacia algún amanecer. Escuché una voz distinguida, jamás escuchada… Repetí lo que escuchaba, lo que decía, para nunca olvidar aquella melodía mejor de lo que se podrían tocar algún piano. 
––Hija mía, cristal eres… Soy un laberinto en amor, soy un lazo que no se romperá jamás. Cree en mi, amada mía. Escucha mi Palabra. De la carne no habrá un amor eterno, ni perfecto. Ámame, que he muerto por amor por ti. No sabes lo que el mundo querrá, atarte el alma y matarte en dos instantes, hundirte en llamas, arrancarte la felicidad, tirarte de la vida y amarrarte a una soledad.–– Extendí mis brazos, sintiendo una brisa mejor de la que pude imaginar… 
Luego entendí que me hablaba mi Superior, mi Dios, mi Amado, mi Salvador. 
En sus brazos me refugié y del mundo me olvidé. 
Su brisa me llenó y cuando de sed he necesitado, en sus aguas esplendorosas me he encontrado.

lunes, 15 de julio de 2013

Con lo que me quedara lo haría

"Aunque me quitaran la boca por alabarte, los ojos por llorarte, las manos por escribirte, los oídos por escucharte. Aunque me quedara sólo mi cabello, lavaría con él tus pies."